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viernes, 20 de marzo de 2009

Grupo de Oración a María del Rosario de San Nicolás en la localidad de O´Brien, (Bs. As., Argentina)

El pueblo de O'Brien está ubicado al noroeste de la Provincia de Buenos Aires. Fue fundado el 21 de Marzo de 1909 por Don Eduardo O´Brein, en campos que él mismo donó para la construcción de la Intendencia, dos escuelas, matadero, cementerio, e inicio la construcción de una la iglesia en honor a San Patricio.Los pueblos mas importantes que lo rodean son: Bragado y Los Toldos, un poco mas distantes, Chacabuco, Junín y 9 de Julio.



Fotos: Vista de la Avenida principal de O´Brien


Fotos: Iglesia y Altar de San Patricio, Patrono del Pueblo

Desde O´Brien nos escribe Susana Stoppini para contarnos sobre un Grupo de Oración que ella tiene en su hogar y que está dedicado en honor a María del Rosario de San Nicolás ( Apariciones de María Ssma. en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, Buenos Aires, Argentina. Más información visita: www.virgen-de-san-nicolas.org).

Ella nos cuenta:
"Conocía las apariciones de la Virgen en San Nicolás a través de un libro de Víctor Sueiro y me enamoré de Ella. Mi familia y yo teníamos a mi mamá muy enferma, allá por el año 1997. Fueron muchos de sufrimiento y por lo tanto yo me aferré a Ella solicitando Su ayuda y protección, más Ella no me defraudó y cada vez que se complicaban las cosas parecía que estaba conmigo para darme fortaleza."

"Un día decidí traer de San Nicolás una Imagen de la Virgen como una manera de agradecerle Sus bendiciones. Ello fue el 13 de Enero del 2001. ".

"Con el tiempo le construímos una Capillita hecha con piedras y caracoles y.. allí esta, desde ese lugar bendiciendo mi hogar. Mi mamá falleció en el 2002 pero en su ausencia física adopté a Mamá María."

" La idea de formar un grupo de oración fue casi instantánea gracias a una vecina y desde ese tiempo con un grupo de vecinas nos reunímos en mi casa todos los días 25 para honrar a nuestra Madre."

Gracias querida Susana por tu relato y ojalá que tu testimonio sirva para que nuestros lectores se animen a formar en sus casas estos "Grupos o Cenáculos de Oración".

viernes, 15 de agosto de 2008

Sanaciones y Conversiones

En esta sección se relatan algunos testimonios obrados por la intercesión de María, Rosa Mística los que fueron tomados del libro "María, Rosa Mística, Montichari-Fontanelle" de A.M. Weigl.


Motivo de grandes comentarios fueron los tres milagros que se verificaron el 8 de diciembre de 1947, durante la aparición de “Rosa Mística” en la Iglesia Parroquial de Montichiari.
El cuarto milagro tuvo lugar antes de ser colocada la estatua de la Virgen en la misma Iglesia, después de haber recorrido en procesión toda la Parroquia.
La indagatoria reglamentaria de los milagros y su veredicto pertenecen a la autoridad eclesiástica.
Sin embargo, esos hechos maravillosos, han sido sólo el principio de una serie de prodigios, dignos de una documentación completa, que por lo menos nos haría reflexionar y nos empujaría hacia la Madre de Dios. Entre los muchos relatos, expondremos algunos:


1- Una señora de Florencia (Italia) fue curada de cáncer. Ella misma entregó a Pierina Gilli toda la documentación médica, confirmando su curación radical.








2- Un hombre de Bozen, a consecuencia de un grave accidente que lo dejó inválido, no podía andar sin la ayuda de muletas. El diagnóstico médico declaró que no sería capaz de trabajar antes de un año. Después del baño en la fuente de Fontanelle, quedo sano y antes de una semana volvió normalmente a su trabajo. En su peregrinación de agradecimiento desbordaba de alegría y gratitud a María Santísima.

3- Un alemán llegó a Fontanelle enfermo con una grave pulmonía, bebió del agua de la fuente, tocada por las manos de la Virgen y quedó curado instantáneamente.




4- Una joven de 16 años en compañía de sus padres, acudió a Pierina Gilli, lamentándose de fuertes dolores en el pecho. Todos juntos rezaron tres Avemarías fervorosamente en el Oratorio ante la estatua de Rosa Mística, suplicándole luz y ayuda. Pierina le aconsejó entonces que bebiera del agua de Fontanelle y se presentara sin dilación al médico. Este constató, mediante una radiografía, que en el pulmón de la joven estaba incrustada una aguja recta y de 4cm de largo, a pocos milímetros del corazón, dejada allí en una intervención quirúrgica que se le había hecho a la edad de 3 años. Para salvar a la paciente, quedaba como único recurso, una muy difícil operación. Al llegar los médicos a la aguja, tratando de sacarla, se quebró en dos partes y facilitó el trabajo. La operación tuvo éxito completo y la muchacha se restableció en breve tiempo. Los médicos hablaron de este acontecimiento como un verdadero milagro y se alegraron del suceso, con la familia. Los pedazos de la aguja de 2cm cada uno, fueron entregados a Pierina como una prueba de la gracia recibida. El 15 de agosto de 1973, los padres de la joven regresaron a dar gracias a Rosa Mística por tan milagrosa intervención.




5- El 15 de octubre de 1972, llegó a Montichiari un gran bus trayendo muchos peregrinos y ente ellos venía una señora de unos 60 años que sufría de una grave y dolorosa artritis. Desde hacía muchos años tenía manos y pies contraídos y deformados por la enfermedad, las articulaciones rígidas y con gruesos nudos. Los peregrinos se dirigieron a Pierina Gilli y acompañados por ella, fueron al Oratorio y suplicaron ante la estatua de Rosa Mística que tuviera compasión de la pobre enferma. A la vista de todos y en medio de una emoción indescriptible quedó instantáneamente curada. Ya no tuvo necesidad del calzado ortopédico que le había sido indispensable para poder moverse. Descalza y sin ayuda alguna salió del Oratorio para dirigirse al bus. No es posible describir la fervorosa oración que, con lágrimas de alegría, hicieron todos a Rosa Mística, agradeciéndole este milagro tan evidente.






6- El hecho ocurrió en Malavicina, pequeña población de la provincia de Mantua (Italia). Oliva Sudiro-Zanotto, de 80 años de edad, madre de un sacerdote y un médico, fue curada milagrosamente de una gravísima enfermedad en la piel, un eczema que la había hecho padecer durante 42 años, localizándose en los brazos, las piernas y la cara, desfigurándola de tal manera que parecía leprosa. Todos los remedios y tratamientos habían resultado inútiles, a pesar de los amorosos cuidados de su hijo médico y de numerosas tentativas en clínicas y hospitales. Una tarde la enferma se acostó con todas sus incurables dolencias y a la mañana se despertó sana. Esto ocurrió en septiembre de 1968. no se le dio publicidad al hecho sin antes haber obtenido el diagnóstico médico y los exámenes análisis y radiografías que confirmaron la desaparición de la enfermedad. Profesores, médicos y enfermeras que habían tratado a la señora Oliva están de acuerdo en reconocer unánimemente que sólo una intervención milagrosa pudo devolverle la salud. (el Padre Gerhard Hermes trata sobre este asunto en la revista alemana “Der fels”- enero de 1971). Un día quisimos conocer personalmente a la señora Olivia y la encontramos en la casa parroquial de Malavicina, en donde vive con su hijo sacerdote, párroco del lugar. Con conmovedora sencillez cuenta ella su historia: “Durante 42 años estuve gravemente enferma y nadie pudo aliviarme: ¡la Virgen lo hizo en una noche y a mí misma me parece un sueño este gran milagro que ha obrado en mí! La enfermedad tuvo comienzos pocos días después del nacimiento de Alessandro, mi hijo menor que hoy es médico. No sé cómo contraje este mal. Al principio se me hincharon las manos, luego la cara y las piernas. La piel se me llenó de pústulas, provocando un insoportable sarpullido. La sangre no circulaba bien y las llagas se me llenaron de pus. Tenía que vendarme continuamente para evitar que sangraran y se mancharan las sábanas y la ropa en general. Somos gente pobre, no disponíamos del dinero necesario para un médico, ni me era posible quedarme por largo tiempo en el hospital. Continué trabajando y para mi alivio usé las hierbas medicinales que me aconsejaban los campesinos y remedios caseros, que probablemente me hicieron más mal que bien. La época de mayor sufrimiento era la del verano, cuando el calor me aumentaba las molestias. Sufría de insomnio y me pasaba las noches en vela sin poder reprimir mis lamentos. Durante el día iba a trabajar al campo. Tenía un hijo en el seminario y el más joven empezaba su estudio de medicina y era menester conseguir el dinero necesario. Con el trabajo en el campo, las heridas estaban expuestas al polvo y al sol. La inflamación de la cara me cerraba totalmente los ojos y no podía ver nada. Solamente la fe en Dios, me ayudó a soportar tanto tormento; si hoy recuerdo todo lo que sufrí, yo misma no alcanzo a comprender como sobreviví sin desesperar y enloquecer. Cuando mi hijo se graduó de médico, no omitió esfuerzo alguno para aliviarme, me sometió al tratamiento de especialistas y hospitales, pero sin ningún resultado favorable. Mi caso se complicó cuando enfermé de diabetes. Un día la enfermera advirtió que de los pies se me desprendía la carne en forma de tiras, al poco tiempo el mismo mal me acometió en las manos. Quedé convertida en una leprosa y no me atrevía a salir ni siquiera a la puerta de la casa. En septiembre de 1968 me visitó un Hermano de la Orden de San Camilo, paisano y conocido mío. Al verme en tal estado, se conturbó su ánimo de tal manera que no pudo articular palabra. Unos días más tarde me envió un frasco con el agua bendita de Montichiari, advirtiéndome que era milagrosa. No tenía noticia de los sucesos allí ocurridos, pero mi sufrimiento era tan grande que decidí hacer la prueba. Antes de retirarme a dormir, me eché el agua del frasco en las llagas de las piernas, manos y cara, me coloqué de nuevo el vendaje y me dispuse a pasar la noche en el martirio acostumbrado. ¡Cosa rara!, dormí profundamente y me desperté apenas al toque del Angelus. Hacía 40 años que esto no me había sucedido. Desperté a mi marido y le dije: “Me siento mejor, quiero ir a Misa”… El me replicó: “No saldrás de la cama, ya sabes que ni siquiera puedes sostenerte en pie”. Un misterioso impulso me obligó a levantarme, puse los pies en el suelo, pude enderezarme y me sentí fuerte. Mi esposo me miraba asombrado. Me vestí rápidamente y me fui a la Iglesia para asistir a la Santa Misa. Algo raro me había pasado; estaba impaciente por llegar a casa. Apenas terminada la celebración eucarística, me fui a mi cuarto y me quité las vendas. Pasmada mi admiración cuando vi que las llagas habían desaparecido de mis piernas y de mis manos. Fui a mirarme al espejo y también mi cara estaba completamente normal. Llamé a mi esposo y a mi hijo y ellos también, atónitos por la sorpresa, constataron mi curación. “¡Es la Madonna! ¡Es un milagro!... repetí una y otra vez, sin comprender que tal prodigio se hubiera verificado en mí”. Olivia Sudiro termina su historia mostrándome sus manos y brazos enteramente sanos, también su cara está libre de toda huella del terrible mal que la había desfigurado durante 40 años.





CONVERSIONES




1. Con mucha frecuencia llegan a Montichiari, estudiantes de teología con los problemas de una crisis espiritual; varios, ya decididos a renunciar a sus ideales de sacerdocio, desconcertados por la triste situación interior en que se debate la Iglesia. Pero junto a Rosa Mística han encontrado la fortaleza para seguir adelante con espíritu de fe. Algunos de ellos ya son sacerdotes de Cristo y siguen confiando firmemente en la ayuda de la Madre de Dios que los sacó bien librados de tantas graves situaciones de la vida y en un servicio de alegría, afianzaron su vocación.




2- Un joven sacerdote, después de un año de ministerio, sintió el tedio ocasionado por la tibieza y graves deslices a causa de la seducción de mujeres sin conciencia. Resuelto a abandonar su vocación, antes que seguir en tan deplorable estado, llegó a Montichiari. Escuchó los consejos de Pierina exhortándole a no desesperar y rezó largo tiempo con él ante la estatua de Rosa Mística. Allí recibió la gracia de la conversión, reconciliado con Dios por la confesión, quedó quebrantado el poder del mal que lo tenía aprisionado y fiel a sus principios, siguió viviendo con alegría su sacerdocio.




3- Un religioso sacerdote, en lo mejor de sus treinta años, se incomoda con los superiores de la Orden, alterca con ellos y en su rebeldía abandona la Orden y deja el ministerio. Aunque se asegura una buena colocación económica y una desahogada posición social no encuentra la paz y se siente desgraciado. Verdaderamente desesperado llega a Montichiari y en sus entrevistas con Pierina halla fuerza para desahogarse y termina bañado en sudor y llorando amargamente y sin esperanza. Ella lo conforta y cuando le dice: “Padre, usted es y sigue siendo sacerdote de Dios por toda la eternidad, confíe en Su Misericordia y en la ayuda de María, que es la Madre de la Misericordia”…él grita violento: “¡Oh qué es lo que yo hice!” Pierina lo conduce a su Oratorio y ante la estatua de Rosa Mística oran los dos largo tiempo. Al fin cobra la calma y promete hacer una buena confesión. Al despedirse, Pierina le pide la bendición sacerdotal y él se la imparte con lágrimas de consuelo y gratitud. Tres meses después, superadas serias y grandes dificultades regresa a su Orden y allí edifica a todos por su profunda humildad y su vida de constante reparación.








4- El profesor A.L.P. se convierte ante “Rosa Mística” en Fontanelle, el 27 de septiembre de 1970. Más tarde relata su conversión en una Conferencia que dicta a un nutrido grupo de estudiantes y de ella extractamos algunas partes importantes:
“Os prometí contaros cómo ocurrió mi conversión, pero no quiero con ello sugestionar e influenciar a ninguno. Dios busca continuamente cómo salvar las almas, especialmente aquellas que más se apartan de Su Amante Corazón y huyen de Su luz, porque con ella conocerían sus pecados. De mí mismo, no sé decir por cuanto tiempo persistí en negar a Dios. Reconozco que maldije, escupí y lapidé al Señor. Renové con mi vida pecaminosa Su flagelación, su coronación de espinas y lo crucifiqué infinidad de veces. Yo era un pecador, sumido en profundas tinieblas y en peligro de precipitarme en el eterno abismo, si la misericordia no me hubiera favorecido.
En esta pecaminosa situación, tenía yo a mi lado una esposa buena, amante y fiel. Ella fue la víctima de mi existencia pecaminosa, pues con crueldad la colmé de humillaciones. Sólo Dios y Su Santa Madre saben cuánto ha sufrido por mi causa. Pero ella me quería salvar. Con una fe y confianza inquebrantables, imploraba mi conversión, valiéndose especialmente del rezo del santo rosario. Sistemáticamente rechacé sus ruegos de que la acompañara a la Santa Misa, me acercara a los sacramentos o tomara parte en alguna peregrinación mariana. Por fin, un día, para que me dejara en paz y para demostrarle que en algo podía complacerla, prometí ir con ella a una peregrinación. Interiormente tenía como imbéciles todas esas prácticas y prometí desquitarme de esta concesión, con nuevas burlas a mi regreso. Así fue como el 27 de Septiembre de 1970, viajé con mi esposa a Fontanelle, en donde decían haberse aparecido la Madre de Dios.
Entré a la Capilla con desprecio, burla y arrogancia, pero de pronto me encontré frente a una estatua de la Virgen, de dos metros de altura, vestida sencillamente de blanco. Se despertó mi interés al contemplarla, luego me sentí cautivado y me quedé inmóvil ante ella. Nunca había visto una estatua tan grande y tan hermosa, su perfección me parecía rarísima. Quedé completamente dominado por sus ojos llenos de dulzura y de indecible tristeza, que no solamente miraban, sino que hablaban. ¡Ojos no sólo vivos, sino amorosos y suplicantes! Sentí que algo extraño pasaba en mi alma. Me dije:”Ningún artista hubiera podido esculpir una obra tan maravillosa, si no lo hubiera guiado una mano divina”. Tuve la sensación de que los ojos de aquella estatua me seguían. Quise huir, sintiéndome profundamente indigno, pero aunque cambiaba de lugar y me iba de un lado para otro, la penetrante mirada de esos ojos estaba clavada en mí. De pronto sentí que me flaqueaban las piernas y, sin saber cómo, me vi de rodillas a la entrada de la Capilla. Toda mi arrogante soberbia estaba quebrantada y lloré lágrimas amargas.
Algo extraordinario que no podía comprender había pasado en mí. Mi orgullo se resistió todavía a la llamada de Dios y al amor maternal de “Rosa Mística”, pero sus ojos milagrosos me seguían; me pareció ver que se llenaban de tristeza y que derramaban lágrimas que mojaban su bellísimo rostro. Es imposible describir lo que sentí. Como a la luz de un relámpago vi claramente toda mi vida con su pasado infame y oscuro y la vergüenza y el arrepentimiento se apoderaron de mí.
Abrumado por el agradecimiento conocí que había recibido el perdón de mis pecados. Me inundaba la gracia, el amor a Dios, la alegría y la paz en una vida que iniciaba; estaba como sumergido en el infinito y maternal amor de Rosa Mística.
Dejé la Capilla transformado en un hombre nuevo.
Nada le dije a mi esposa y, los días siguientes fueron para mí un continuo descubrir a Dios, su infinita misericordia, su inconmensurable amor. El Sacramento de la Confesión aumentó mi gozo interior.
Mi buena y amada esposa bien pronto se dio cuenta de mi cambio total. Desde entonces hemos ido juntos, repetidas veces a Montichiari para testimoniar a Rosa Mística la gratitud desbordante de nuestros corazones”.

sábado, 7 de junio de 2008




Articulo publicado en el Boletín “La Voz de Rosa Mística” correspondiente al mes de abril de 2008

El Blog Rosa Mística – Colombia quiere compartir con ustedes y sus lectores este testimonio publicado por “Reina del Cielo” (
www.reinadelcielo.org), afirmando que el juicio se deja a la sabiduría de la Santa Iglesia Católica.

Testimonio de Diana Montoya desde Colombia

Somos una familia católica y practicante de la fe. En una ocasión llegó a mi hogar una Imagen Peregrina de la Virgen María, Rosa Mística con el propósito de rezar la novena.
Comenzamos la misma por una necesidad familiar que nos acongojaba en ese momento, un familiar estaba próximo a someterse a una intervención quirúrgica muy riesgosa y delicada.
Hicimos la novena a la Virgen con una fe enorme y de igual modo la Virgen nos respondió con una gran bendición para este familiar.
Devolvimos la Imagen de la Virgen, pero Ella se quedó en mi corazón. Me invadió entonces una gran tristeza por no tenerla más en mi hogar y así un día exclamé:”qué hermoso sería tener una Rosa Mística en mi casa”. Mi hija de 9 años me escuchó y cuando llegó mi cumpleaños el 16 de septiembre de 2007, ella me dio la gran sorpresa: “mami, te voy a regalar la Virgen con el dinero que recogí de mi primera comunión”.
Fue una gran alegría para mí y como somos una familia muy unida fuimos con mi esposo y mis dos hijos en busca de la Virgen. Nos enamoramos de inmediato de Ella por su gran belleza y por la alegría que irradiaba de su rostro.
Salimos del comercio y la hicimos bendecir por un sacerdote y cuando llegamos a la casa la colocamos en un lugar muy especial, donde siempre la tendría presente.
El 20 de septiembre, a las 12 del mediodía estaba con mis hijos y fuimos a recoger la Imagen de la Virgen para cambiarla de lugar, ya que nos habían regalado una lámpara para evitar encender velas todo el tiempo.
Cuando fui a buscarla mi asombro fue ver todo el vestido sucio, lo limpié. En cuestión de unos minutos sonó el teléfono y cuando llegué al aparato que estaba cerca de la imagen, con gran asombro vi que la Virgen estaba llorando sangre. De inmediato salí corriendo a la casa de una amiga a contarle lo ocurrido.
Cuando volvimos a casa nos acercamos y miramos asombrados. Llamé a mi madre y en la tarde comenzamos a rezar y de nuevo volvió a llorar, eran las 3 de la tarde y de ahí en adelante, constantemente.
Buscamos la ayuda de un sacerdote, el cuál cuando llegó nos explicó sobre estas manifestaciones y nos dijo que debía informar a la curia para iniciar el debido proceso. A los 4 días volvió con una delegación de la curia y se llevaron las muestras para el estudio. Nos pidieron prudencia y que rezáramos el Rosario. Así lo hicimos, pero poco a poco la gente se fue enterando de la maravillosa manifestación de nuestra Madre.
Con el tiempo fueron llegando las evidencias de las bendiciones de la Santísima Madre, El primero fue mi familiar sanada de cáncer, una niña de 9 años de un cáncer en los pulmones; una señora que estaba en coma, una señora con cáncer de mamas y muchas otras más.
Nosotros agradecemos estas hermosas manifestaciones con el rezo del Santo Rosario que hacemos en mi hogar.
Esta es la historia muy resumida de la Imagen de la Santísima Virgen Rosa Mística que se ha manifestado con lágrimas de sangre y aceite con aroma a rosas.
Tengo muy en claro que este es un signo de Dios pidiendo más oración, por eso a las personas les explico la importancia de rezar el Santo Rosario.
Mi meta futura es fundar una fundación para los ancianos abandonados, para devolver un poco de tanta Gracia recibida.
Con el amor más grande los saludo al compartir con ustedes este testimonio y que la Virgen María los bendiga y guarde.

Diana Montoya
Medellín – Colombia18 de Febrero de2008

lunes, 2 de junio de 2008


Carta publicada en el Boletín Mensual “La Voz de Rosa Mística” correspondiente al mes de Marzo de 2008

Una mamá muy devota de Rosa Mística nos escribe desde Bucarest (Rumania) pidiendo nuestra ayuda espiritual por medio de la oración, para su hija. Ella tiene graves problemas de salud a nivel cerebral. Y nos dice:
Gracias por sus palabras que me llegaron en este momento como un bálsamo de María, Rosa Mística en un momento tempestuoso para mí y para mi hija. Siento su oración en el desarrollo de esta enfermedad, que está calmada y tranquila y no tiene dolores; y también porque es muy callada y acepta con serenidad los días que pasan.

Cada día ofrezco al Padre Celestial todos sus sufrimientos, lo hago en su nombre porque ella reza, pero no siente la relación con Dios como en cambio me ha sido regalado a mí. Es aún muy joven, tiene muchos sueños relacionados a esta vida y no comprende con facilidad que existe otro mundo donde nos espera la Vida Eterna. Lo hago yo por ella y siento que con la ayuda del cielo logro salir adelante en su nombre. Para mí, es un período de exámenes, delante de Dios.

Nunca he sentido tanta dicha en el abandono total a su santa voluntad. Yo deseaba tanto participar de la Pasión de Jesús, en esta Cuaresma y me ha dado el honor. No soy digna, pero siento que ha aceptado mi modesta participación. Estoy dispuesta ha seguirlo así como El desea de mí.

Rezo para no perder este dulce camino. ¡Siento a todos ustedes muy cerca, en compañía de Rosa Mística, con esta dulce y tranquila amistad. Voy adelante, algunas veces las lágrimas vencen, pero siento muy cerca la calurosa presencia de la Madre y de Jesús, con su amor que da la luz y la fuerza para seguir adelante.

Un fuerte abrazo a todos ustedes, presentes en mi oración. Estoy preparada para aceptar la voluntad de Dios, no temo por la vida de mi hija, si esa es la voluntad de Dios, pero… quisiera que ella no perdiera ningún mérito de sus sufrimientos. Por eso rezo y les agradezco por su cercanía. Los tendré informados.
Aliz Duica

domingo, 6 de abril de 2008

TESTIMONIO DE VIRGINIO FERNANDEZ


El de Virginio Adolfo Fernández fue el primero caso comprobado de un milagro obrado por intercesión de María, Rosa Mística en la Parroquia Nuestra Señora de la Victoria en la ciudad de La Plata.
Virginio quiso brindar su testimonio de fe a la prensa y para ello recordó los difíciles momentos por los que atravesó hasta que se produjo su cura. Esta no tiene explicación científica y sólo alcanza a comprenderse por medio de la fe.
"Hacia mediados de 1983 me sentía mal, muy mal, sin ganas de nada. Soy sindicalista, secretario de Deportes y Recreación de UPCN y además estoy empleado en el Ministerio de Educación, en lo que es hoy la Dirección General de Escuelas. Como lo hacía habitualmente, vino a verme un ingeniero metalúrgico que es un gran amigo, como un hermano, Miguel Piovani y notó que yo andaba mal. Me preguntó qué me pasaba y le pedí que me hiciera revisar por los médicos de la Clínica de la UOM."
-¿Qué estudios le hicieron en esa clínica?
-Me hicieron varios análisis de sangre y de orina y luego me derivaron para que me efectuaran otros estudios a un Instituto donde me atendió un especialista en garganta y me hizo hacer una biopsia.
Este mismo médico me pidió que volviera con algún familiar o amigo, que quería hablarles. A todo esto, sin yo saberlo el facultativo se puso en contacto con Piovani y le señaló que yo tenía cáncer en la garganta y que a su entender era necesario operarme. Lo cierto es que cuando fui nuevamente a verlo, ahora con Piovani, el doctor fue muy crudo y claro conmigo:"Vea, los dos somos hombres grandes y hay que hablar con la verdad. Usted tiene una pierna acá y la otra en el cementerio de la Chacarita".
-¿Cuál fue su reacción ante el diagnóstico del médico y su opinión sobre la necesidad de intervenirlo?
-A esa altura ya prácticamente no podía hablar, estaba físicamente a la miseria. Le pedí que antes de operarme intentara alguna otra cosa y me hizo hacer 48 aplicaciones de cobalto en la clínica que está por las calles 12 y 47. Acá tengo el certificado donde consta lo que tenía y lo que me hicieron.
-Luego del cobalto, ¿notó cierta mejoría?
-Yo seguía igual y el médico me dijo que me tenía que operar sí o sí. Entonces me desesperé. Mis amigos del sindicato y de Educación me decían que no fuera más a ver a ese médico. Ellos sabían que ya no tenía salvación: doctores amigos les habían expresado que con los rayos no iban a solucionarme nada y que con la intervención quirúrgica las expectativas no eran buenas. En concreto me quedaban unos pocos meses de vida.
-¿Qué pasó después?
-Ya no podía hablar, me hacía entender por señas. No podía caminar. Un día me levanté para ir a ver a mi hermana y de paso rezar en la Iglesia San Ponciano. Cuando llegué a la Iglesia estaban todos cantando y como yo no podía por el estado de mi garganta me puse a llorar. Cambié de ubicación y me senté en el último banco. Estaba sentado llorando, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos cubriéndome el rostro, orando y pidiéndole a Dios que me ayudara. De golpe levanto la cabeza y veo sentado a mi lado a un sacerdote de sotana blanca, de pelo más bien largo y muy rubio. Parecía de otro mundo, era hermoso… Me tomó del brazo y mientras me levantaba me preguntó: "¿Vos te querés curar?" Moviendo la cabeza le respondía que sí y le agarré de la mano. Me llamó muchísimo la atención el brillo intenso de su mirada. Tomado de su brazo fui hasta la salida de la Iglesia y ahí me dijo: "Andá a la Parroquia de 54 y 23, allí hay una Virgen que se llama Rosa Mística, que te está esperando y te va a curar".
-¿Recuerda con precisión cuándo sucedió esto?
-Era alrededor del 20 de diciembre de 1983. Sé que fue un Domingo, aproximadamente a las 10 de la mañana. Bueno, me tomé un taxi y fui hasta allá. Me coloqué debajo de la Imagen de San José y observé cómo el padre D´Auro daba la misa. Al concluir el oficio religioso y tras persignarse, el padre me miró y me llamó con un ademán de su mano…
-¿Sin conocerlo?
-Lo asombroso es que a él nunca lo había visto porque no conocía esa Iglesia, era la primera vez en mi vida que iba. Me quedé aguardando mientras le daba la bendición a otras personas y cuando finalizó me hizo pasar a su casa y luego a su oficina. "¿Quién te mandó?" me preguntó y antes de que yo pudiese atinar a responder con algún gesto me dijo:"Ya sé quien te envía. Entonces por Dios y María, Rosa Mística te vas a curar". Agarró una estatuita de la Virgen y me bendijo pasándola a ambos lados de mi garganta en tanto rezaba. Me regaló una medallita con la Imagen de la Virgen y un rosario que los llevo siempre conmigo. Estuve como una hora con el Padre D´Auro. Salí como a las dos de la tarde para mi casa.
-Al salir de la Iglesia, ¿ya se sentía mejor?
-No, si al llegar a mi domicilio me descompuse. Tenía mareos, arcadas y me vino un acceso de tos, temblaba todo. Sentía ganas de despedir algo y no lo lograba. Mi mujer, pobre, para ayudarme porque me estaba ahogando empezó a golpearme la espalda con la palma de la mano mientras yo tosía. En ese momento logro expulsar una cosa marrón, del tamaño de un huevo, redondito, perfecto, como si lo hubieran cortado, con unos puntitos rojos.
-¿Ahora sí se sentía más aliviado?
-No, me fui a acostar porque estaba extenuado y seguía mareado. Pero cuando me levanté me sentí algo mejor. Le dije a mi mujer: "Vamos a tomar unos mates". Y yo mismo me asombré al notar que había podido hablar. Cuando mis amigos del sindicato y de Educación se enteraron, querían que fuera a ver al médico, pero yo me negaba a ir. Hasta que a los tres días fui. Cuando entré a la clínica de UOM y hablé para decir que quería que me revisara el médico me dijo: "Vos te curaste". Y cuando me examinaron no lo podían creer. Tito el gerente de la clínica, me abrazaba y lloraba conmigo. M e preguntaban cómo me había curado, si me habían hecho un tratamiento en Norteamérica.
-Es decir que usted en su casa, había despedido el tumor maligno…
-Tengo el certificado de que estoy completamente curado del cáncer de garganta y el Padre D´Auro me dijo que lo envió a Roma, al Vaticano. Yo soy el primero en La Plata que se curó por medio de Rosa Mística, pero no soy el único: hay otras personas que se han sanado y no sé por qué no dan su testimonio.
Fernández pregona a cuanta gente quiera escucharlo "su testimonio". Quiere que todo aquel que necesite ayuda por estar enfermo vaya al Santuario de Rosa Mística y le ore a la Virgen. Está tan agradecido…

viernes, 7 de marzo de 2008

Testimonio desde el Santuario Rosa Mísitca en Argentina



Testimonio de la doctora Gladys Cangaro



Entre los más de 100 testimonios elevados al Vaticano para su evaluación, se encuentra el de la doctora Gladys Cangaro.

La milagrosa curación de un tumor maligno ubicado en recto es aún más sorprendente pues se trata de una médica clínica, es decir de una profesional de la medicina, carrera en la que las especulaciones metafísicas tienen poco lugar.

Gladys accedió a dialogar con la prensa y explicó así el porque: "Entiendo esto como un testimonio de fe que puede ayudar a otras personas, como una obligación de católica".



"El tumor maligno que puso en serio peligro mi vida, se me declaró el año pasado, cuando cumplía ya el sexto mes de embarazo. En 15 días más me día cuenta de lo que padecía, y con un poco de temor, recurrí a colegas que me confirmaron la presencia del tumor maligno en el recto. Como médica, sé que este tipo de tumor es de alta agresividad. Y las operaciones son también terribles ya que al paciente se le extirpa gran cantidad de colon. Por lo general, no se queda bien después de la intervención."

-¿Qué tipo de análisis le hicieron?

-Me hicieron biopsias, 14 cortes de biopsias, y en todos ellos se confirmó la alta malignidad del tumor. No había nada que hacer. Incluso, uno de los facultativos me señaló que este tumor ya llevaba 4 años de evolución y había que extirparlo. Pero si había esperado ese tiempo, bien se podía esperar un mes más para que diera a luz a mi chiquito a los siete meses.

-¿El parto sería inducido?

-No, me iban a practicar una cesárea. Yo sólo temía por la vida de mi bebé...Me interné en la clínica para las biopsias alrededor del 21 de agosto, estuve una semana y, en ese interín, enfermeras, parientes y amigos me hicieron llegar estampas y medallitas de María, Rosa Mística. Cuando salí del hospital, decidí visitar la Imagen, no sé bien por qué. Los médicos me habían recomendado reposo absoluto para que mi bebé no empujara aún más el tumor y evitar así tantos dolores. Pero igual fui a la Iglesia.

-Había visitado antes el Santuario donde está la Virgen?

-Es curioso pero no, aunque vivo cerca. Recién decidí ir al salir del hospital. No sabía ni qué pedir, ni qué rezar, nada... Después de visitarla y de orar lo poco que pude rezar, me sentí muy mal y volví a descomponerme. Era para fines de agosto. Un día perdí muchísima sangre y despedí un tejido muy extraño. Me asusté tanto que no quise mirarlo, ni tocarlo, ni darlo para su análisis. Los dolores eran tan intensos que volví a meterme en la cama. A partir de ese momento, comencé a sentirme muy bien, como si nunca hubiera tenido un tumor. Además, no tuve necesidad de cumplir con el mes de reposo que me habían prescripto.

-Ya estaba en el séptimo mes de embarazo...

-Así es, y tal como me sentía podía llegar al noveno sin problemas. Pero, en el curso de unos días, alrededor del 8 de septiembre, volví a tener dolores, me interné y se decidió hacerme la cesárea para no arriesgar la vida de mi chiquito. Se esperó una semana más, para que me recuperara de los dolores y el 16 de septiembre nació mi bebé, totalmente normal, con 2 kilos.

-Qué tipo de cesárea le practicaron?

-Fue abdominal para poder ver, al mismo tiempo que sacaban al bebé, si había metástasis o no del tumor. Pero no detectaron nada. Los médicos se quedaron tranquilos en espera de los 20 días que debían pasar para practicarme la extirpación del tumor, tal como se había previsto desde un principio. Era lo único que se podía hacer. Pero hubo otro problema...
-¿Cuál?

-Al segundo día, ni hijo sufrió una infección pulmonar, con falta de oxígeno, si bien estaba en incubadora. Tuvo que ser trasladado a terapia y los médicos me dijero que no se podía hacer nada más. De todas maneras, una vez que se curó quedó una semana en observación como medida de precaución. Yo ya me sentía bien.

-¿Y qué pasaba con su tumor?

-Tenía que cumplir con los 20 días de reposo luego de la cesárea a fin de que el útero y los demás órganos se reubicaran y permitir de esa manera la intervención del tumor. Antes, tuvieron que hacerme tres rectoscopias para determinar el lugar del tumor que incluyeron dos biopsias de las mucosas.

-¿Qué encontraron los médicos?

-Nada, absolutamente nada. Había una mucosa intestinal nueva, con una pequeña cicatriz.

-¿Es comprobable esta curación?


-Sí. Hace 8 días volví para hacerme otro análisis. Creo mucho, tengo fe y justamente por eso sigo haciéndome los análisis. Además, es una forma de demostrarles a muchos colegas que realmente se ha producido un milagro de curación,

-¿Qué explicaciones dan sus colegas de este hecho?

-Hay muchas banales... El patólogo a quien conozco desde hace mucho tiempo, me decía que no encuentra explicación médica posible para mi curación y que, evidentemente se trata de un milagro. Por supuesto, están aquellos que no creen y que piensan que todo ha sido natural, que despedí el tumor maligno.

-¿Es algo que puede ocurrir?

-No en el caso de un tumor, pero sí en el de los pólipos, en los que se reconocen muchos casos de personas que los han despedido. Esto es posible porque sus bases son finitas y pueden sufrir necrosis y, por lo tanto, ser despedidos. Pero el caso de un tumor es totalmente distinto: tiene una base ancha y, en el supuesto de que pusiera desprenderse, quedaría la tipia, o sea, las células malignas de la base. Y ésta nunca se desprende.
-¿y qué es lo que ustéd despidió?

-Fue un tejido, pero no sé qué. No sé si fue una parte del tumor o todo, porque no quise ni siquiera tocarlo.

-Su caso resulta de particular importancia para la Iglesia, ya que están recogiendo testimonios de curaciones con certificados médicos.

-Sí, lo sé. Pienso que estas curaciones están tocando distintos puntos. No por nada me pasó a mí. Toda mi vida fui católica, incluso fui a colegios religiosos y siempre llevé una vida muy cristiana... A hora siento la obligación de dar a conocer lo que me sucedió, lo crean o no. Nunca conocí un caso así, Si me hubiesen dicho que un tumor maligno podía curarse de esa forma, cómo médica no lo hubiese creído nunca, de no haberlo pasado yo. Es más, cuando leí otros casos, pensé que todo era una locura, una mentira. Por eso, comprendo a mis colegas que no creen, y me maravillo ante aquellos que coinciden en afirmar que esto fue un milagro.

-¿Cómo vive su familia todo este proceso?

-Con una alegría impresionante. Aquí no hay ninguna cuestión mágica. Es una conducta, una forma de vida. Yo fui creyente en ese momento porque lo necesitaba. Incluso, no me desesperé. Toda mi vida tuve fe. Y seguí la carrera de medicina porque siento la necesidad de ayudar a los demás... Por ahí se piensa que, si se tiene un dolor en un brazo, se recurre a la Virgen y lo soluciona. Y no se trata de eso. Se trata de una conducta, de toda una vida. Cuando me confirmaron mi dolencia, jamás decaí. Incluso tuve agradecimiento porque interpreté ese dolor como una prueba más haci mi persona. Si Dios me enviaba esa prueba, no podía sentirme mal. Además cuando fui a la Iglesia, supe que me iba a curar.
-¿Su fe no decayó ni siquiera en los momentos de terribles dolores?

-Fueron 15 días muy difíciles y, por supuesto, tuve dudas. Pero no de fe sino en cuanto a lo que me iba a pasar. Pero jamás pensé que iba a tener un mal final. Mi desesperación era mi chiquito que se salvara. Al ir a la Iglesia, tuve la certeza de que me iba a sanar. Y allí reside todo: debe haber una fe total, una entrega abosoluta. Y si cuento esto es porque me considero un instrumento más de Dios. No es fácil para quien, además, es profesional en la medicina.